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1.-
LA ILUSION (El sueño).
La
ilusión es el punto de partida, es el “sueño”, el deseo profundo de alcanzar
una cima concreta, la fantasía de todo aquello que creemos posible.
En
este primer estadio solemos sentir una energía muy placentera dejando volar
nuestra imaginación y permitiéndonos soñar los sueños más hermosos. Aquí la
derrota o el fracaso no existen. Nos sentimos libres, ligeros y plenos, es como
si nuestro sueño nos hiciera flotar y sentimos la fluidez y la facilidad en
nosotros. Soñamos con la cumbre deseada, nos visualizamos en ella, no hay frío
ni calor, no hay miedo, angustia, cansancio..., no hay ni siquiera montaña;
sólo la cumbre y nosotros fundidos en una única realidad.
2.-
LA ENCARNACION (Elección de un sueño)
La
encarnación se produce en el momento en que decidimos hacer realidad nuestro
“sueño”. Este paso supone abandonar el estadio de ilusión, fantasía en el que
nos encontrábamos para llegar a tierra firme y continuar nuestra andadura hacía
la cima desde ahí. Un único puente une ambos lugares: el puente de la libertad
y el compromiso. Cruzar dicho puente supone elegir un “sueño”, una cumbre y
comprometernos con el, con ella. Cada vez que cruzamos ese puente sentimos el
vértigo que produce el paso de lo inconcreto a lo concreto. Sabemos que el
camino hacía nuestro sueño pasa inexorablemente por cruzar este puente, sin
embargo, a medida que avanzamos hacía el puente sentimos como nos resistimos a
abandonar nuestro mundo de fantasía.
Una
energía poderosa va apoderándose de nosotros a medida que avanzamos por el
puente. Sentimos la fuerza en nosotros junto con el miedo a cada paso. Una
mezcla de sensaciones intensas y contradictorias nos acompañan en nuestro
recorrido de un lado al otro del puente: fuerza, miedo, libertad, vértigo,
satisfacción, angustia... Y llegamos a tierra firme. Nuestra primera victoria
importante. Nos sentimos fuertes, vitales, seguros, capaces, y sobre todo,
LIBRES. Sentimos que no existe obstáculo o dificultad que pueda evitar que
alcancemos la cima, sentimos todo el poder de nuestro Ser. Es un momento de
celebración, de reconocimiento de nosotros a nosotros mismos. La montaña
elegida aún está lejos pero en este instante la sentimos como si ya hubiéramos
alcanzado la cumbre.
3.-
LA ACCIÓN (El camino)
Una
vez en tierra firme avanzamos con facilidad hasta las faldas de la montaña
elegida. Es el lugar adecuado para instalar el campamento base, campamento que
vamos a utilizar como centro de apoyo en la posterior ascensión a la cumbre. En
este momento se yergue ante nosotros por primera vez con toda su majestuosidad
la montaña que hemos decidido ascender, nuestro “sueño” esculpido en la roca.
Sentimos que el corazón se nos encoge y parece como si la sangre se nos
congelase y dejase de circular por venas y arterias. Es el MIEDO, miedo con
mayúsculas que recorre en un instante los fríos calabozos de nuestro
inconsciente liberando los fantasmas encerrados en ellos, y todos juntos se
lanzan al asalto de nuestro castillo. El Miedo y sus secuaces: “no voy a
poder”, “no soy capaz”, “es imposible”... se apoderan de nosotros en un
instante. Nos sentimos perdidos y pensamos que nunca deberíamos haber iniciado
este viaje. Débiles y abatidos por esta primera derrota nos planteamos qué
debemos hacer ahora: abandonar o continuar. Nos refugiamos en nuestra tienda de
campaña con el propósito de tomar una decisión.
En
la calidez y protección de nuestra “cueva” extendemos el plano de la montaña y
empezamos a dibujar sobre el mismo con todo detalle un camino hacía la cumbre.
Ya no nos parece tan alta, ni tan grande. El miedo comienza a desvanecerse.
¿Qué está pasando? Al tiempo que nos hacemos esta pregunta salimos de la tienda
a tomar un poco de aire. La montaña aparece nuevamente delante de nosotros con
toda su grandiosidad, sentimos como el miedo comienza a crecer dentro nosotros
nuevamente, imágenes de mil y una desgracias en esa montaña pasan ante nuestros
ojos, nos sentimos aturdidos. De un salto volvemos al refugio seguro que nos
ofrece nuestra cueva de tela y en un breve instante sentimos que recuperamos la
calma.
Es
el momento de tomar una nueva decisión: acometer la ascensión a la cumbre o
rendirnos y regresar sin intentarlo. Si, eso es, ahora lo comprendemos, el
éxito no es pisar la cumbre, sino recorrer el camino dibujado en el plano. Eso
es, cada paso hacía la cumbre es ÉXITO; el éxito es seguir adelante. Decidimos
emprender la ascensión a la mañana siguiente.
Amanece,
iniciamos la ascensión concentrados en el camino dibujado en el plano. Nuestra
mente ya no está focalizada en la cima, sino concentrada al cien por cien en el
paso que damos en este momento, en el presente. Tras cada paso volvemos a
consultar nuestro plano para ver el nuevo paso a dar, seguimos concentrados en
cada paso. El día avanza, sentimos el calor del sol. Seguimos. Un paso, y otro
más, y otro más. Nos mantenemos en nuestro propósito de mantener toda nuestra
conciencia en el momento presente. Otro paso, y otro más, y otro más...De repente
sentimos que la montaña ha desaparecido. ¿Y la cumbre?¿Dónde está la cima? Ya
no está, quizás nunca estuvo donde creíamos que estaba, quizás nunca existió
tal y como nosotros la percibíamos.
Sorprendidos,
nos detenemos, quietos, muy quietos, observamos. Detrás de nosotros sólo vemos
las huellas de nuestros pasos, enfrente de nosotros el vacío, la nada, el todo.
Nos sentimos en el extremo de un hilo hecho de nuestros pasos. En nuestra mano
el plano nos muestra un camino, pero enfrente de nosotros no vemos nada, no hay
camino, no hay nada. Dudamos. No comprendemos lo que pasa. Nos preguntamos qué
podemos hacer pero ninguna respuesta acude a nuestra mente. No hay respuestas
para está pregunta; es como si esta situación estuviera fuera del alcance de
análisis y procesamiento de nuestro mental y en su intento por manejar la
situación se ve sumido en la confusión y el caos.
Mientras
todo esto va ocurriendo percibimos como poco a poco se va manifestando con
total claridad un impulso dentro de nosotros: avanzar, dar otro paso. ¿Qué es
esto?¿De dónde procede este impulso? Observamos en profundidad y descubrimos
que el impulso procede del corazón. ¿El corazón?¿Cómo es posible? Nos resulta
inconcebible que allí donde nuestra mente ha sido incapaz de darnos una respuesta
se atreva el corazón a inspirar nuestra decisión. Decidimos averiguar que está
pasando y nos sumergimos en nuestro corazón. Allí sentimos la quietud y la
seguridad desde la que nos envía el impulso de seguir adelante, al tiempo que
podemos escuchar el sonido que produce dicho impulso al salir de nuestro
corazón para sacudir todo nuestro cuerpo con su vibración: “CONFIA Y AVANZA,
CONFIA Y AVANZA, CONFIA Y AVANZA,
CONFIA Y AVANZA…” .
Permanecemos escuchando este sonido y sentimos como nos envuelve y poco
a poco nos rendimos y permitimos que esa suave melodía impregne todo nuestro
Ser de confianza. Desde este estadio de calma y sosiego observamos que empezamos a movernos. Uno de
nuestros pies se ha alzado en el vacío y avanza hasta completar un paso. No hay
dudas, no hay preguntas. De forma automática una nueva huella aparece tras
nosotros y el otro pie se alza de igual manera hasta completar un nuevo paso.
Sentimos que no somos nosotros los que caminamos sino que es el camino el que
nos camina a nosotros.
4.-
LA REALIDAD (El resultado).
La
realidad es la materialización de nuestro “sueño”. Hemos llegado, estamos
sentados en la cumbre y desde aquí observamos que la cumbre no es aquella que
visualizamos en nuestra ilusión, en nuestra fantasía. La cumbre es el lugar
donde estábamos entonces y el lugar donde estamos ahora. La cumbre se
encontraba en cada paso, la cumbre es el lugar donde estamos siempre que
confiamos y permitimos que el camino nos camine. Al mismo tiempo nos damos
cuenta de que no estamos solos, todo el mundo está aquí.
Una
persona se acerca y nos pregunta: ¿El camino a la cumbre?
ADN&asociados
Una lectura muy agradable Natxo. Un día de estos me lo planteo, si el miedo me deja. :-D
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