martes, 1 de abril de 2014

LIBERTAD Y COMPROMISO


Libertad y compromiso no son términos que se enfrentan sino que al contrario el segundo es consecuencia obvia del primero. Y digo que el segundo es consecuencia del primero por cuanto que la libertad como capacidad que es de realizar elecciones, no se agota en el mero acto de realizar una elección, sino que su ejercicio se mantiene en el tiempo en forma de compromiso con la elección realizada, de forma que en la medida que somos fieles a dicha elección y nos comprometemos con ella, llegamos a ser verdaderamente libres.

Hay quien puede pensar que adquirir compromisos implica precisamente dejar de ser libres o perder parte de nuestra libertad. Dicho pensamiento nos llevaría de forma inevitable a la conclusión de que la libertad absoluta consistiría en la ausencia total de compromisos y por tanto de elecciones, Pues bien, nada más lejos de la realidad, libertad es tener la capacidad de elegir y ejercitar la libertad es precisamente realizar elecciones y comprometernos con ellas.

Partiendo de esta idea constituye para mi el ejercicio de libertad más esencial la elección de nuestras creencias. Creemos aquello que elegimos creer. Nadie nos obliga a creer nada de lo que creemos y, por tanto, todas y cada una de nuestras creencias constituyen un verdadero ejercicio de nuestra libertad.

Ahora bien, vivir como mujeres y hombres libres no suele ser gratis, Efectivamente, en no pocas ocasiones nos encontramos con que ser fieles a nuestras creencias, actuando conforme a las mismas, defendiéndolas o simplemente mostrándolas, puede implicar pagar un precio, precio que puede adquirir muy variadas formas: rechazo por parte de otras personas que puedan tener creencias diferentes, pérdida de algún tipo de rendimiento económico, pérdida de trabajos u oportunidades profesionales, pérdida de relaciones personales o amistades,…, incluso en los caso más extremos encarcelamiento o pérdida de la propia vida.

Desde luego no seré yo quien se atreva a juzgar a aquellos que en algún momento hayan considerado que el precio a pagar por la libertad era demasiado alto y hayan preferido ser un poco menos libres, ya que yo mismo he hecho eso en innumerables ocasiones, y como fácilmente se puede comprender no estoy dispuesto ni a juzgarme por ello, ni mucho menos a condenarme, y por una cuestión de pura coherencia renuncio de igual modo a juzgar o condenar a los demás por tal cuestión.

No obstante ello, no cabe duda que el precio que pagamos (no el que no pagamos) por nuestra libertad constituye el valor que tiene para nosotros la misma, de forma y manera que quienes pagan un precio verdaderamente alto por la libertad, es por que realmente su libertad vale para ellos el precio que están pagando.

Y dicho esto, quiero simplemente compartir que siento una profunda admiración por todas aquellas personas que a lo largo y ancho de este mundo defienden aquello en lo que creen, más alla del miedo y del precio que tienen que pagar por ello, siendo de ese modo auténticamente libres. Todas esas personas constituyen para mi una inspiración vital, inspiración por la que les estoy profundamente agradecido y a las que como muestra de mi agradecimiento quiero dedicarles estas letras. 

De entre ellas quiero referirme en especial a todas las que en la actualidad están defendiendo en sus respectivos países la LIBERTAD y LA JUSTICIA como bienes irrenunciables de la humanidad arriesgándolo prácticamente todo en dicha empresa, y concretamente, y por una cuestión de cercanía personal, a todos los venezolanos que han decidido reclamar la libertad y la justicia que les pertenece. Confio que algún día yo también me atreva a ser totalmente libre como lo son ellos ya.



Seamos verdaderamente libres, vivamos de forma comprometida, vivamos nuestra libertad.


J. Ignacio Pascual

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