Sociedad
sustentada en principios hace referencia a una sociedad en la que la inmensa
mayoría de los ciudadanos vive de acuerdo a unos principios esenciales.
Del
mismo modo que la quilla es la pieza más importante de la estructura sobre la
que se construye un barco, los principios esenciales son los pilares
fundamentales sobre los que construir una sociedad sólida y estable que puede avanzar con
rumbo firme hacía un futuro de paz y prosperidad crecientes.
En
la actualidad, no obstante, nos encontramos con sociedades en las que tales
pilares se encuentran muy deteriorados o han desaparecido, con las
graves consecuencias que tal situación comporta. Efectivamente, a lo largo del
último siglo hemos podido ver como los principios esenciales que conformaban
las sociedades avanzadadas, han ido perdiendo importancia y cediendo su lugar
de preferencia al principal de los “no principios”, el principio del beneficio.
Este proceso se ha producido de una forma muy sutil, manteniendo una apariencia
formal de vigencia tales principios al tiempo que se iban vaciando de contenido real
hasta quedar reducidos a meros escaparates tras los que no había nada en
realidad.
Esta
forma de degradación de la sociedad actual se ha iniciado en el ámbito de la
actividad económica para posteriormente impregnar todos los ámbitos de la sociedad.
Así, en base a argumentos de productividad, rendimiento o beneficio, se ha ido
instalando poco a poco en la sociedad la ídea de que debían separarse las
convicciones o principios esenciales, de la propia actividad economica, en
aras a lo que se ha venido en llamar “profesionalidad”. Profesionalidad que de
este modo viene a significar aplicar el conocimiento y habilidad profesional a
la consecucion de los objetivos profesionales perseguidos, eliminando del
proceso de toma de decisiones cualquier valoración sustentada en los principios
esenciales de los individuos o de la sociedad, manteniendo no obstante una adecuada
apariencia de que la actividad se desarrolla dentro del marco establecido por
tales principios. Se trataría de
una especie de neutralidad moral en lo profesional.
Este
sistema de actividad económica de neutralidad moral, se traduce en un primer
momento en una mejora de los resultados en relación a la actividad económica
sustentada en principios, pero esta mejora no dura mucho tiempo y pronto se
transforma en todo lo contrario, derivando hacía un escenario de crisis, crisis
que tiene su origen en la destrucción y desaparición de la confianza en las
relaciones económicas como consecuencia de la eliminación de los principios
esenciales, eliminación que automáticamente deriva en la instrumentalización de
la mentira, el engaño, la manipulación o falsificación de la realidad disfrazados
de marketing, publicidad o técnicas de venta, como principal herramienta de
gestión de la actividad económica.
No
cabe duda que la crisis actual constituye un claro ejemplo de las graves
consecuencias que puede acarrear un proceso como el descrito.
Es
por tanto claro que si deseamos construir sociedades sólidas y estables que puedan
avanzar hacía un futuro de mayor bienestar general para todos sus ciudadanos,
debemos recuperar el modelo de sociedades sustentadas en principios, principios
que constituyen el único camino para generar un entorno de confianza y
colaboración imprescindibles para el desarrollo de una actividad económica que
permita avanzar a la sociedad hacía un futuro de paz y prosperidad resolviendo
los problemas del presente.
Es
el momento de ver si hemos aprendido algo con la actual crisis. Es la hora de
sociedades sustentadas en principios, es la hora de relaciones sustentadas en
principios, es la hora de políticas sustentadas en principios, es la hora de
economías sustentadas en principios. Es la hora de comprender que, o avanzamos
todos juntos, o simplemente no avanzamos.
J.
Ignacio Pascual
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